El cristianismo y la cultura
(postmodernismo)
La iglesia de
hoy puede ser comparada a un barco al cual una bomba ha impactado por el
costado y rápidamente se está inundando mientras que los pasajeros están ya sea
en la sala de baile, en el comedor o en la barra. ¿Qué es lo que ha pasado? Ha
habido un cambio en la manera de ver la vida y el mundo, y no nos hemos dado
cuenta de ello. Ha cambiado la manera en que la gente mira su mundo.
En Isaías 59, el
profeta trata el asunto de la oración no contestada y lo atribuye al pecado no
confesado.
En el v. 3, habla sobre las mentiras. En el v. 4, el lamento es que
no hay justicia o verdad. El v. 8 dice que ellos no parecen saber qué significa
ser justo y bueno. El v. 10 los acusa de ser como ciegos que andan a tientas en
la oscuridad. El v. 14 muestra que la misma ley se opone a las personas justas
y que la justicia no puede ser hallada. Finalmente, la acusación es dada, “la
verdad tropezó en la plaza”.
Para entender
dónde estamos, debemos considerar la historia. En el siglo XVI, la Reforma
Protestante empezó, y Lutero y otros reformadores declararon la única y sola
autoridad de las Escrituras. La Biblia fue puesta por encima de los concilios
de la iglesia y de las afirmaciones del Papa cuando se decía que él hablaba “ex
cátedra”, esto es, hablando de la infalibilidad de su trono papal en asuntos de
fe y moral.
Pero algo pasó;
aunque los reformadores habían puesto la autoridad de la Biblia por encima de
la autoridad de la iglesia, no podían estar de acuerdo en lo que la Biblia
decía. Como resultado, en el siglo XVIII, surgió el movimiento conocido como la
Ilustración.
La Ilustración
La Ilustración
puso la razón humana por encima de la revelación divina. La Revolución Francesa
fue la más alta expresión de la ilustración cuando la libertad de Dios y Su
autoridad se convirtieron en la moda.
Este pensamiento
invadió las naciones e iglesias de Europa, y devastó la vida política, moral,
social y religiosa de la gente. También, lentamente se esparció a los Estados
Unidos. A causa de los grandes avivamientos religiosos en los Estados Unidos en
los siglos XVII y XIX, el cristianismo tuvo un auge hasta mediados del siglo
XIX, el cual fue llamado el “siglo cristiano”. Pero entonces, Satanás parece
que volvió toda su armadura pesada contra esta nación. Entró la Alta Crítica,
procedente de Alemania, la cual socavó la autoridad de la Biblia. El Deísmo,
aunque admitía la existencia de Dios, propuso que su dueño le había puesto un
reloj de tiempo y lo dejó que corriera su curso por leyes naturales. El Deísmo
propuso que Dios, como Creador, no se inmiscuía en los asuntos de Su creación.
Al momento que
las iglesias trataron de relacionar el cristianismo a estos nuevos movimientos,
dejaron muchos de sus fundamentos doctrinales. Este acomodo doctrinal ocasionó
un liberalismo creciente, contra el cual el Fundamentalismo empezó a combatir a
partir del siglo XX. En 1923, G. Greshem Machen, un eminente erudito del
griego, escribió “Cristianismo y Liberalismo” en el cual contrastaba los dos
movimientos. Su conclusión fue que el liberalismo no era más cristiano que el
budismo, mahometismo, hinduismo u otra religión del mundo. El cristianismo y el
liberalismo eran completamente incompatibles, teniendo nada en común.
Pero, el
Cristianismo Bíblico y el Liberalismo tenían una cosa en común: ambos creían en
la posibilidad de la verdad. Discrepaban en cuanto a la naturaleza de esta
verdad, pero estaban de acuerdo que sí había verdad.
Post-Modernismo
Hoy en día, nos
enfrentamos a un nuevo enemigo llamado Post-modernismo. Este retará al
Cristianismo Bíblico aún más que el viejo Liberalismo o Modernismo, porque el
Post-modernismo aun niega la posibilidad de una verdad objetiva. Así como la
belleza está en el ojo del espectador, el Post-modernismo argumentaría que la
verdad está sólo en la mente de cada individuo, proponiendo que el mundo
exterior es sólo imaginación de la mente del hombre y que la verdad es lo que
uno quiere que sea verdad. Esto da como resultado en la siguiente declaración
comúnmente escuchada: “puede ser malo para ti, pero está bien para mí”.
Mientras la
ilustración ignoró a Dios en favor de la razón humana, el Post-modernismo deja
a nuestra razón decidir lo que deseamos pensar. Para mucha gente, Dios se
encuentra a través de los cristales, mientras que para otros Dios se encuentra
a través de fuerzas canalizadoras. Este sistema ecléctico significa que una
persona puede clamar ser un creyente bíblico, un homosexual y creer en la
reencarnación al mismo tiempo. Los absolutos son reemplazados por los
sentimientos. Creemos en lo que nos gusta o en lo que nos atrae. La gente
asiste a las iglesias, porque le “gusta” el pastor, la música o el grupo de
jóvenes. Lo que la iglesia cree y practica es de poca importancia. La gente
dice, “No me gusta la idea del infierno”. ¿A quién le gusta? Pero, la verdad no
es si me guste o no, sino ¿existe tal lugar al que irán aquellos que mueren sin
Cristo en donde pasarán la eternidad separados de Dios? Bajo la influencia del
Post-modernismo, la gente no está dispuesta a creer en aquello que no
disfrutan.
Entonces, el
Post-modernismo lleva al pluralismo a la verdad en donde cada punto de vista es
igualmente verdadero y valioso. Según el Post-modernismo, cada juicio es
simplemente un asunto cultural en donde la verdad universal no existe.
Estos frutos del
Post-modernismo se pueden apreciar en la religión. El Modernismo ha tratado al
Cristianismo Bíblico como chatarra sobrenatural. Por otro lado, el
Post-modernismo acepta cualquier religión. El gran pecado entonces se convierte
en ser intolerante. El único pecado está en declarar que existe el pecado y en
criticar los puntos de vista de otros. Esta tolerancia, por supuesto, es
selectivamente aplicada. El Post-modernismo es excesivamente intolerante con el
creyente bíblico, quien declara que el único camino al cielo es la confesión
del pecado y el aceptar a Cristo como Señor y Salvador. La iglesia primitiva
creyó que la fe cristiana sola era la verdad, y como consecuencia, no toleró
rivales ni buscó acomodos con ellos. Bajo el Post-modernismo, con su visión
subjetiva de la verdad, la verdad puede ser hallada en todas las religiones, y
la fe cristiana debe buscar algún tipo de acomodo con las religiones del mundo.
El
Post-modernismo tiene poco uso para la teología y el estudio sistemático de la
Palabra de Dios. La verdad es interna. En la religión, esto se traduce en una
forma de religión tibia, superficial y experimental. El predicar se llena de
psicología y habla más acerca del hombre y sus necesidades que de Dios y de Su
gloria. La consejería se convierte en un ejercicio sin significado en el que el
consejero y el aconsejado pasan más horas profundizando en el psíquico del
hombre que enfocándose en Dios, en Sus
demandas y en Su poder para romper el poder del pecado. Antes, la felicidad era
simplemente el producto resultante de la creencia y conductas correctas. Pero
hoy, la felicidad se convierte en la meta y todo lo demás se sujeta a ella. A
manera de contraste, la predicación apostólica hablaba de hechos del Señor
Jesucristo y entonces los interpretaba para aplicarlos a la vida cristiana.
Nada podía sustituir tal cosa.
Los frutos del
Post-modernismo pueden verse en la educación. La moda de los círculos
educacionales de hoy es el “multiculturalismo”. La verdad no es simplemente
definida por el individuo, sino por lo que la sociedad decide que es la verdad.
Pero como ninguna cultura ha descubierto la verdad absoluta, cada juicio hecho
es simplemente un asunto cultural. Un profesor de universidad dijo que sus
estudiantes no estaban del todo convencidos para decir que algo es malo, ni
siquiera el Holocausto Judío. Esto lógicamente explica que el Post-modernismo
se basa en el consenso cultural con ninguna verdad absoluta posible. Por
ejemplo, la exterminación de seis millones de judíos durante la Segunda Guerra Mundial fue simplemente un reflejo del dominio de un partido político europeo,
que de su propia mente se inventó el mito de la superioridad alemana. El
resultado de este tipo de pensamiento es una fragmentación social en nuestra
nación que amenaza con destrozar su estrucutura social.
Los frutos del
Post-modernismo se ven en el área de las leyes. Puesto que forjamos nuestra
propia realidad, la ley no tiene una fundación. Entonces, ¿qué es la ley? Es lo
que el grupo cultural más poderoso en la sociedad dicta. La ley es politicalizada
y manipulada para fines políticos. La ley se convierte en política, lo cual a
su vez se convierte en poder. Un columnista escribió acerca del escándalo
Clinton, “Desde el principio, estaba claro que este juicio no era determinar si
había sido verdad lo que se le imputaba. La verdad no iba a cambiar el voto del
jurado”. Blackstone, el eminente jurista británico, cuyas teorías de la ley
fueron estudiadas en el pasado, argumentaría que Dios ha revelado leyes en la
naturaleza, pero puesto que el hombre es pecador, tienen que ser regidas por la
autoridad de la Biblia.
Pero, la ley del Post-modernismo no tiene bases
objetivas y por eso se convierte simplemente en una herramienta para obtener
los fines deseados de cualquier grupo que esté en el poder.
Sin embargo, el
Post-modernismo provee una oportunidad única para los cristianos que creen en
la autoridad de la Palabra de Dios. A finales del siglo XIX, la mayoría del
mundo religioso trató de acomodarse al modernismo de aquel tiempo y produjo un
liberalismo que fue devastador. Hoy día, no debemos acomodarnos al
Post-modernismo, sino que debemos tratar de entender su sutil destrucción de la
fe cristiana, y debemos exponerlo como malo, sin acomodarnos, y oponernos al
mismo. El mundo necesita la verdad, ¡y la tenemos en la Palabra de Dios! El
Post-modernismo fallará porque al fin y al cabo el hombre necesita seguridad.
Pero, he aquí el peligro. Alemania reaccionó a la anarquía moral de la
República Weimar eligiendo a Adolfo Hitler al poder. Sí, él fue elegido, no se
adueñó del control. Al caer el Post-modernismo, los hombres querrán seguridad.
Ellos encontrarán esto en un líder dictatorial o en la autoridad de la Palabra
de Dios. Nuestra tarea es declarar, defender y vivir la Palabra de Dios.
Algunos quisieron desaparecer una generación completa, otros lo están tratando
ahora, para después construir fortalezas para esconderse, pero ese es un método
seguro para ser derrotados. Cristo dijo que él construiría la iglesia y que
“las puertas del infierno no prevalecerían contra ella”. Esta es nuestra
promesa. Tenemos la Palabra de Dios y el poder del Espíritu Santo para llevarlo
acabo.
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